A la ciudad de Valladolid
A LA CIUDAD DE VALLADOLID
1. ROMANCE A PUCELA
Desde las tranquilas aguas
donde fluye el río Pisuerga,
testigo de cien batallas
esplendor y decadencia,
cruza la noche un silencio
bajo ese manto de estrellas,
y en el espejo del agua
para que todos lo vean,
¡queda reflejado el arte
de la mítica Pucela!
*
¡Que lejos queda la historia!
Con el tiempo se doblega
llena de polvo y penumbra,
cubierta de amor, de entrega.
+
Los álamos junto al río
dejan sollozos de pena;
con aire de sentimiento
cae la tarde en la alameda.
+
Cada vez que cruzo el río,
presiento en él, la leyenda;
remolinos de romances
que entre sus ojos de piedra,
lanzan risas y gemidos,
alegrías ó tristezas,
para que el viento los oiga
y el caminante lo entienda.
*
¡Qué lejos queda la historia
y que reciente es su ausencia!
Las orillas del silencio
junto a dos sombras se encuentran;
una, despertando olvido,
la otra, recuerdo y querencia.
*
En dos siglos del medievo
conociste la grandeza...
Serías capital del reino
antes que Madrid lo fuera,
y del poder de Castilla
la reina por excelencia.
*
Reyes cruzaron tus calles,
tus plazas y tus escuelas;
emperadores y nobles,
navegantes y princesas.
-Fuiste capital del reino,
antes que Madrid lo fuera-
*
Hoy cuando digan tu nombre
escritores y poetas,
historiadores ilustres,
doctores en la materia,
recordarán a Pucelle,
aquella dama francesa,
que le dio el trono al Delfín
y luego murió en la hoguera.
-¡Pucelanos os llamaron
al volver a vuestras tierras!-
*
Cruzando el valle del sol,
vallisoletanos llegan
cansados de caminar,
con la ilusión de la espera.
*
Descansarán en sus campos
por caminos y riberas,
y a Valladolid después,
entrarán por la meseta,
desde ese valle del agua
que forman Duero y Esgueva.
*
Después de hablar de sus gentes,
mencionaré la belleza
que tienen sus monumentos
desde su provincia entera.
El colegio San Gregorio,
Monasterio de Huelgas,
Santa María “La antigua”
y su catedral, quimera
de dos grandes arquitectos,
Churriguera y Juan de Herrera.
*
Por último recordar
los monasterios e iglesias;
San Miguel y San Andrés,
San Bernardo de Balbuena,
todos en Ciudad de Olmedo,
con cierto sabor mudéjar.
Peñafiel con su castillo,
hermoso por su opulencia.
Simancas y Tordesillas,
Villalar, esa promesa
cuna de los comuneros
e insigne por su nobleza.
*
Medina del Campo llora,
la más grande de sus reinas
que por España han pasado,
cuando todavía no era,
mas que un conjunto de reinos,
de castillos y de almenas.
*
Y el castillo de la Mota,
esa morada secreta,
que en el mil quinientos cuatro,
un año de nuestra era,
a Dios le entregara el alma,
cumpliendo así una promesa
Entre las limpias orillas
donde fluye el río Pisuerga,
testigo de cien batallas,
esplendor y decadencia,
cruza la noche un silencio,
bajo ese manto de estrellas,
y en el espejo del agua
para que todos lo vean,
¡queda coronado el arte
de la mítica Pucela!
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Premio Pucela 2005 del Centro Vallisoletano
de Barakaldo (Bizkaia) en su XIX certamen de poesía
2. CAMPOS DE PUCELA
que sea de madrugada,
nunca la cruces de noche,
siempre al lucero del alba,
que el río es celoso y puede,
robar tu cuerpo y tu alma,
pensando que lo desprecias,
creyendo que no lo amas.
¡Oh grandioso río Pisuerga!
tus anchas barbas alcanzan
sombra, cielo, sol y fuego,
brisa, viento, fondo y agua.
*+
Remolinos de romances
buscan el Duero y rescatan,
alegrías o tristezas,
de un silencio sin palabras.
Y entre lágrimas de estrellas,
bajo una atmósfera diáfana,
la noche lanza un suspiro
que te persigue y te embriaga.
*
Hoy, al volver a tus campos,
campos que lo son de España,
misteriosa luz divina
de claridad y de calma,
he sentido tu presencia,
¡Maravilla pucelana!
*
¡Cuánto recuerdo y querencia!
¡Cuánto amor! ¡Cuánta nostalgia
regresan desde el pasado!
Por eso quisiera hoy,
desde esa dicha lejana,
volver para hablar de ti.
*
En esas tierras labriegas
de la estepa castellana,
meseta altiva de luz,
bajo la luna de plata,
un ciego sol ya se esconde
entre sus cumbres más altas,
y en el cierzo de la tarde,
se observan por las cañadas,
pastores con los rebaños
regresando a sus majadas.
*
La primavera sonríe,
desde esa cuna bordada
de coloridos y flores,
de perfumes y fragancias;
y otra vez, de nuevo el río,
recoge con añoranza,
en su cauce silencioso,
las promesas malogradas.
*
Olas de trigo se mecen
en el aire como franjas,
de un mar que ondula a capricho,
junto a amapolas de algas.
Y mientras olmos, pinares,
ó encinas del monte callan,
escucharán tus oídos
un tañido de campanas.
*
Ya llega el lobo de invierno
dejando hielo y escarcha,
por calles plazas y aldeas,
cubriendo de nieve blanca,
tejados y campanarios,
de techumbre y de pizarra.
Y tú, Pucela, sonríes,
coronada de semblanza,
entre recuerdos y olvidos,
en el tiempo y la distancia.
*
Si vuelves un día a Pucela,
que sea de madrugada,
jamás la cruces de noche,
siempre al despertar el alba.
El río, es celoso y puede
robar tu cuerpo y tu alma,
creyendo que lo desprecias,
pensando que no lo amas.
¡Oh grandioso río Pisuerga!
Tus anchas barbas alcanzan
cielo, sombra, sol y fuego
brisa, viento, fondo y agua.
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Premio Pucela 2007 del Centro Vallisoletano
de Barakaldo (Bizkaia) en su XXI certamen de poesía
3. PUCELA ES TU NOMBRE
Allá, donde el sol se esconde
y la tierra se separa,
como la noche y el día
desde el tiempo y la distancia,
Pucela, viva de amor,
bajo una luna dorada,
se nutre de luz y sombra,
de viento, de cielo y agua.
*
Allá, por el Universo,
donde los luceros llaman
con sus nítidos destellos,
a la dicha y a la calma,
un fantasma misterioso,
cubierto de nieve blanca,
buscó refugio en los campos
de esta ciudad castellana.
*
Valladolid fue el lugar,
y después que se acercara,
invocando en su camino
presagios de cien batallas,
alondras lo desterraron,
un día, por la mañana,
y ya nunca regresó,
a la tierra pucelana.
*
¡Cuánto recuerdo Pucela!
¡Cuánto amor! ¡Cuánta añoranza!
Las huellas que en tus riberas
el río Pisuerga dejara,
entre espumas de alegría,
entre dichas o desgracias,
también cubrieron pasiones
que enriquecieron tu alma.
¡Qué grande eres tú, Pucela!
¡Ciudad mítica de España!
*
Con los ojos entornados,
el poeta se acercaba,
caminando junto al río
por un sendero de acacias.
La tarde gris se escondía
y en la oscuridad temprana,
cruzó ansioso el ancho puente
donde el agua murmuraba.
*
Allí, escuchó el fiel sonido,
y ante su sombra plateada,
dejaría entre suspiros,
para recuerdo y, semblanza,
estos versos a Pucela,
bajo una luna callada.
*
Aguas bañan las orillas
de tu ciudad coronada…
¡Grandiosa y bella Pucela!
¡Cuánta historia! Tus murallas,
envejecieron de tiempo
como se marchita el alma,
cuando el amor se termina,
o simplemente se apaga.
*
¡Quién pudiera! como tú,
desde una gran balconada,
poder contemplarlo todo,
al anochecer, al alba.
Las palomas desde el cielo,
en vuelo de lontananza,
se acercan a tus iglesias
como cien nubes de nácar.
Y tú, Pucela, sonríes,
sola, sin mediar palabra,
en la quietud del silencio,
del misterio y la nostalgia.
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Premio Pucela 2009 del Centro Vallisoletano
de Barakaldo (Bizkaia) en su XXIII certamen de poesía
4. BAJO EL PUENTE DE PUCELA
Caía la tarde;
el sol se ocultaba...
Bajo el ancho puente,
a la luna clara,
el río Pisuerga
que allí se encontraba,
a veces reía,
a veces cantaba.
*
En su fiel sonido,
también se escuchaba
un triste lamento,
porque se alejaba
de ese amor tan grande,
al que tanto amaba.
*
Al dulce y sonoro
discurrir del agua,
bajo el viejo puente,
con la voz muy baja,
el río impaciente,
lleno de añoranza,
a Pucela un día,
dijo estas palabras:
*
-Si triste es mi sino,
también mi esperanza;
de allá, entre los riscos
que hay en la montaña,
cruzo cien laderas,
bosques y barrancas.
*
Nacer y morir,
total, ¡para nada!
sin poder amar,
sin dicha temprana;
tan solo dejar
que el cauce me empuje
hacia un mar salado,
de espumas amargas-
*
A través del viento,
lleno de nostalgia,
él, lo repetía,
ella, lo escuchaba...
-Si el Duero me quiere,
tú, también me amas,
pero estoy tan lleno
de ilusiones vanas,
que a veces contemplo
mis dichas lejanas,
como gotas turbias
que empañan mis aguas.
*
-¡No quiero marcharme!
¡Ni darte la espalda!
Antes de alejarme
por tierras muy anchas,
deja que me acueste
tan solo una noche
sobre tu regazo...
Yo estaré contigo,
besaré tus plantas,
cumpliré tu sueño
y por la mañana,
como un buen amigo,
te daré un abrazo
de amor y, semblanza-
*
El sol se escondía;
la luna asomaba...
Desde los remansos,
orillas en calma,
Pucela dormía,
Pucela soñaba.
Entre sueño y sueño,
muy enamorada,
a su amante río,
así contestaba:
*
-Tú, que siempre fuiste
mi amigo del alma,
que solo viviste
pensando en mi calma;
aquel confidente
de sombra callada
al que tanto admiro...
¿Por qué esas palabras?
Acaso, no sabes,
que hasta las campanas
que suenan al viento
saben el secreto.
Descansa tranquilo
¡Luz de mi alborada!
que yo extenderé
con plácida calma,
mi pecho, mi manto,
mi cetro y mi almohada-
*
Y así desde entonces,
todas las mañanas,
encuentro a Pucela
con gran sentimiento
allí, junto al río,
¡Ya nada la espanta!
Ni el sol del estío,
ni la dura helada;
tan solo el abrazo
para siempre unido
en un lazo eterno...
¡De eterna elegancia!
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Premio Pucela 2012 del Centro Vallisoletano
de Barakaldo (Bizkaia) en su XXVI certamen de poesía
5. ENTRE EL ESPEJO Y LA SOMBRA
(Dedicado al poeta José Zorrilla y Moral)
Despierta estaba Pucela,
a la luz tornasolada
de un campo lleno de estrellas
que en el cielo la observaban.
Primorosa y encendida,
la Luna, blanca de nácar,
resplandeció con su manto
y sus anillos de plata.
Después de observar que el Sol
receloso la acosaba,
se escondió entre los remansos
que el río Pisuerga dejaba.
A eso de la media noche,
entre musas y entre lamias,
José Zorrilla, el poeta,
dijo al viento estas palabras:
-Rio Pisuerga, que te alejas
por las tierras de Simancas,
para morir en el Duero
entre maltrechas barrancas
¡Líbrate de Tordesillas!
y de esas pozas amargas
que adormecen el sentido
con su estrépita arrogancia-
-No quiero que me abandones
Yo no quiero que te vayas
como huyen las sirenas
hacia el mar desde las playas-
-En el parque Campo Grande,
en una estatua cercana,
vive mi luz prisionera
de su sombra enamorada-
-Cerca de ella, hay una fuente
que cien surtidores mana;
aunque no es la del romance
del moro y de la cristiana,
aquella bella cautiva
de la Vega de Granada-
-Desde allí, oigo y escucho
que sollozando me llamas,
con el canto de la alondra,
al despertar la alborada
También a las golondrinas,
que con sus febriles alas,
regresan por el estío
en esas tardes calladas-
-Yo que nunca te escribí,
ni te canté una romanza,
que no arrojé flor alguna
al caudal de tu elegancia;
hoy vivo de tu presencia,
de tu sonido y semblanza,
aunque me robe el aliento
el recuerdo y la añoranza-
-Río Pisuerga, que despiertas
un manantial de fragancia,
en esa Fuente del Cobre,
allá, en aquellas montañas,
¡No te vayas de mi lado!
¡Acaríciame la almohada
con elegantes suspiros
de sueños y de bonanzas!-
-Amada Valladolid,
que asomas a mi ventana,
igual que el amanecer
deja su aurora dorada.
¡No quiero que me abandones!
¡Quiero sentirte en la calma!
y que no rompa el silencio
mi llanto por la nostalgia-
-Río Pisuerga, río Pisuerga,
que cruzas Castilla llana,
para entregar en el Duero
tu inmenso caudal de agua,
¡No dejes de visitarme!
¡Llega pronto a mi morada!
pues siendo tu compañía
tan noble y apasionada,
ya siento frío y hastío,
en estas noches heladas-
Ya se ha dormido Pucela
y una luz difuminada,
borra del azul celeste
a la Luna enamorada.
Sigiloso baja el río,
el Puente Mayor lo abraza;
con él, se van los recuerdos
entre sus troncos y ramas.
-¡Bendita seas Pucela,
donde yo viví la infancia
rodeado de trigales,
amapolas y majadas!
¡Quién pudiera en otra vida,
lograr despertar el alma
y no verte en este espejo
eterno de mi esperanza!-
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Premio Pucela 2018 del Centro Vallisoletano
de Barakaldo (Bizkaia) en su XXX certamen de poesía



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