Comuneros de Castilla

La Antigua Iglesia de Valladolid

COMUNEROS DE CASTILLA
(Carlos V y Los Comuneros)

I
De Flandes, el Rey Don Carlos,
con porte y extravagancia,
nieto del Emperador
Maximiliano de Austria,
toma posesión del reino
por su madre Doña Juana,
que dicen que estaba loca,
consecuencia a la desgracia
de la muerte de su esposo.
“Reina madre y heredera,
es la reina propietaria"
Recluida en Tordesillas
se siente allí traicionada.
Al morir Maximiliano,
hereda corona sacra
y es de nuevo requerido
por la corte de Alemania
como nuevo emperador.
Sin conocer nuestra lengua,
sin consejo y con distancia,
cambia a capricho las leyes;
mandos de las tropas cambia,
dejando como regente
a un extranjero, que llaman
Adriano de Utrecht, quién fuera,
más tarde futuro papa.
Hasta Guillermo de Croy
joven de apuesta elegancia,
nombra arzobispo en Toledo,
sucediéndole a Cisneros
con su mística arrogancia.
Lo que fuera escepticismo
y alegría en su llegada,
lograría el descontento
en las Cortes astellanas.

II 
Campos de gloria
(A la memoria de los Comuneros)
El ejército imperial
desde Peñaflor de Hornija,
esperaba movimientos
de las fuerzas de Padilla.
Ya se van los Comuneros
al clarear la luz del día;
Torrelobatón se queda
con la niebla espesa y fría.
Ya resuenan por el valle
cañones de artillería;
La Vega de Valdetronco,
localidad elegida
para librar la batalla,
muy pronto se desestima
por la inclemencia del tiempo.
La tarde gris se escondía…
-¡Comuneros de Castilla!
¡Atended mi voz de mando!
Hoy el general Fonseca,
aquí, en Medina del Campo,
ha incendiado la ciudad
con abuso y gran quebranto.
Por suerte la artillería
queda intacta, a buen recaudo,
y, el intento de saqueo,
ya resuena largo y ancho
por toda Castilla entera...
La reina madre está al tanto-
Al llegar a Villalar,
las huestes van ya rendidas
y el choque es inevitable
con las fuerzas realistas.
¡Resistíd fieles soldados!
dijo una voz que salía
desde el interior del pecho,
mas, ¡nadie le respondía!
Volvió a gritar al silencio;
esto es lo que pedía:
-Rogadle a María Pacheco,
aunque os cueste ello la vida,
que se resista luchando
con Acuña a las orillas
del Tajo, donde las flores
dan a Toledo campiña;
yo, moriré en Villalar,
con la esperanza perdida
más, con la fe de su amor-
¿Dónde estáis que no os encuentro
Comuneros de Castilla?
¡No escucháis a las campanas!
hoy, el deber nos obliga,
por tierras de Villalar,
Simancas y Tordesillas.

III
Llantos de gloria
(A María Pacheco Vda. de Padilla)

<Con gesto firme y sincero
dijo Padilla a Juan Bravo,
si ayer fuiste, compañero,
lo mismo que Maldonado,
en el trato un caballero
 en la batalla un soldado,
aunque dejaros no quiero,
hoy estrecharé mi mano,
para morir el primero
y hacerlo como un cristiano>
Desde Zamora a Pucela,
de Toro hacia Tordesillas,
lugar donde fuerzas reales
cubren cerco y ofensiva,
camino de Villalar,
frente a Peñaflor de Hornija,
campos de honor y de lucha,
que por amor a Castilla,
Maldonado y Bravo, dieron
su vida junto a Padilla.
El albor de la mañana
ya a lo lejos se divisa...
Un jinete que cabalga
sediento a una hermosa orilla,
donde los álamos lloran
y con la brisa suspiran,
observa un arroyo claro
y sin dudar se aproxima.
Luego baja del caballo
y con la mirada altiva
a unos altos torreones,
extiende su mano fina
al manantial de agua fresca,
limpia, pura y cristalina.
Lleva dolor en sus ojos,
tiene la mirada fría,
y el rostro duro y cansado,
más no lleva compañía.
Brillantes de su tocado
destilan la luz del día,
resplandeciendo en su brillo
cristales de pedrería.
Lleva luto en el vestido,
negra, es también la acaricia
de un velo que allí desprende,
candorosa e indecisa.
Luego después, murmurando
el cruel dolor que sentía,
levantó firme sus ojos
y al viento, así le decía…
-Si tú quisieras, Pucela,
la vida te entregaría,
pero estoy llena de celos
y el odio me perdería.
Yo te daría mi hacienda,
mis tierras yo te daría,
los Mendoza somos nobles,
de nobleza es mi familia.
Grande es mi cuna y estirpe,
como es también la campiña,
que el Duero viste de flores,
color, aromas y brisa.
Grande también fue mi amor
y hoy me han quitado la dicha.
Frente a un duro corazón,
el alma traigo vencida.
Yo te daré… ¡Lo que quieras!
pero alivia esta fatiga
que me oprime aquí en el pecho
y que me tiene rendida-.
Así habló María Pacheco
y nadie le respondía…
¡Gritó de nuevo al silencio!
El eco lo repetía…
-Si tú quisieras, Pucela,
solo a ti, te contaría,
el agravio y el desprecio
al que fuimos sometidas.
La reina madre que vive
en la torre recluida,
me ha dicho que no la olvides,
que ella a ti, jamás te olvida.
Si Juana de Arco volviera,
formaría otra milicia
a la causa castellana,
¡Nunca nos defraudaría!
Aunque el curso de la historia,
ya en esta tierra me obliga,
a despachar con orgullo
tanta injusticia infinita.
Arrastrado entre romances
a un borbollón de sonrisas,
entre irónicas palabras,
esplendores y desdichas,
ayer fuera vuestro reino,
desde Europa a lasAntillas,
el más grande en sus dominios;
hoy, flamencos lo mancillan.
¿Donde estáis que no os encuentro?
“Comuneros de Castilla”
¡No escucháis a las campanas!
Hoy, se ensalzan y repican,
por tierras de Villalar,
Simancas y Tordesillas.
Desde el imperio de un mundo,
por pueblos, plazas y villas,
ayer, tocaron a duelo,
por la muerte de Padilla-
------------


Premio Centro Católico de obreros 2009 
de Medina del Campo en su XXII certamen de poesía


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AUTOR: JUAN A GALISTEO LUQUE

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